7/11/10

OS DEBO UNA DEDICATORIA Y COMO OS DEBO UNA DEDICATORIA OS LA VOY A PAGAR

Se lo comenté a la amiga Bárbara de cabellos de bruma al acabar la actuación. Había estado toda la duermevela de las madrugadas anteriores preparando el speech y, zas, al final se me olvida (supongo que, al no haber hecho la pausa para el bis y con el chip de que íbamos mal de tiempo, se me pasó). Quería dedicar(n)os el bis, al grupo, a mí por teneros a vosotros, y a vosotros, por seguir conmigo. Me dio rabia el olvido, estando los padres de Clara y habiendo tenido esta un día especialmente ajetreado, con su doblete previo en la FNAC y aún convaleciente de la operación, y Charlie también pocho. Bueno, pues aunque sé que no es lo mismo, que ahora la cosa tiene algo de cena recalentada (que diría Coppini), pues no me quedo a gusto hasta colgarlo en este blog que para eso es nuestro. Allá va más o menos lo que había estado rumiando en las duermevelas.

En septiembre se cumplieron años de mis lazos musicales con Charlie y Clara. Con Charlie, ocho (el bienio de PARAISO y el trienio que pasé en LA MODE se vuelven visto y no visto en comparación), y con la misma ilusión por su parte que el primer día, la misma efervescencia de proyectos, la misma inasequibilidad al desaliento. En cuanto a Clara, llevamos cuatro años con ella y una vez más diré que, desde Antonio Zancajo, nadie me había infundido tanta seguridad, tanta compañía en el escenario, siempre pendiente, siempre al quite de mis precariedades tanto de afinación como de ritmo y compás.

A diferencia de otra gente, Charlie y Clara no quieren ser santas. Lo son. Porque, frente a la idea profana y proxeneta de explotación, ellos están unidos a la música por la Vocación, concepto sagrado, en que uno sirve a y no se sirve de. Por supuesto, sus modos de santidad son muy diferentes. La vocación de Charlie es desenfrenada y convulsa, con el tremolar de la adicción, entre Baudelaire y Valle Inclán. Clara es más serena, con esa serenidad que infunde la timidez y la autoexigencia llevada al máximo. La serenidad de Rosa Chacel ante la hoja en blanco, de la encajera de Vermeer ante el telar, de Teresa de Cepeda entre los pucheros acribillada por ángeles, entre la tierra y el cielo.

A ellos y a mí, por tenerlos conmigo, más dispuestos a la confianza que al malentendido, dedico este bis. Y les digo lo que digo siempre a Clara (y siempre me quedo corto), GRACIAS POR ESTAR AQUI.

1 comentario:

Gaucho Divino dijo...

Gracias por todo Fernando. Mi contrato de aprendizaje contigo es eterno; el tiempo se detiene en tu taller magistral y no cuento los años que pasan. Sólo trato de aprender y vivir momentos que ya forman parte del palacio de nuestra memoria.